Nos impulsó a realizar este viaje la idea de llevar al abuelo, que es un entusiasta empedernido de la Segunda Guerra Mundial, a conocer el famoso campo de concentración de Auschwitz. Con esta idea nos pusimos manos a la obra y comenzamos la búsqueda de vuelos, hoteles, excursiones, lugares de interés… Una vez todo localizado, el abuelo decidió no acompañarnos en nuestra aventura, (¡vaya por Dios!) pero aún así ya no había vuelta atrás. Nos atraía mucho la idea de conocer esta ciudad.
¿Cuando es mejor ir?
Fuimos del 28 al 31 de agosto, aunque se aconseja visitar Cracovia durante la primavera o el otoño, ya que el invierno es excesivamente frío y en el verano se encuentra masificada. Aún así, pudimos recorrer la ciudad cómodamente para estas fechas. Nos encontramos con unos días calurosos y sin lluvia (¡Que suerte!) y unas noches fresquitas o al menos eso creemos, ya que se encendía la calefacción del hotel.
Vuelos
Normalmente, no solemos viajar con paquetes organizados, sin embargo, en esta ocasión nos encontramos que comprando los vuelos más el hotel por libre, resultaba menos económico que en un pack de la empresa Atrapalo, del cual tenemos una grata experiencia, ya que todo salió a la perfección.
Volamos con la compañía Vueling en un vuelo regular de lunes a jueves:
- Barcelona-Cracovia (2h:50′) Salida 18:15 y llegada 21:05
- Cracovia-Barcelona (2h:50′) Salida 22:20 y llegada 01:10
Los cuatro viajeros llevábamos maleta de cabina, suficiente para llevar lo necesario en cuatro días.
Traslados al hotel
Contratamos desde Barcelona el traslado privado con un monovolumen, que puntualmente nos esperaba en el aeropuerto Juan Pablo II de Cracovia para trasladarnos a nuestro hotel y viceversa. El coste de cada viaje fue de 30€.
Decidimos esta opción un poco más cara, porque la información que teníamos sobre los taxis no era muy clara en cuanto a tarifas y recorridos, por lo tanto preferimos ir a lo seguro por la poca diferencia de precio.
Hotel
¡ACERTAMOS!
Ya sabemos que acertar en la elección de un hotel tiene su riesgo, pero el Aparthotel Pergamin cumplió todas nuestras expectativas. Dispone de una ubicación céntrica en el casco histórico de Cracovia. Nos alojamos en una amplia habitación cuádruple con baño privado y cómodas camas. Además incluía desayuno variado con sabores de la ciudad. Y todo ello por 269,89€.
Excursiones
También desde Barcelona contratamos las principales atracciones turísticas de Cracovia: Las minas de Sal de Wieliczka y los Campos de Concentración Aushwitz-Birkenau con la empresa Civitatis, que funciona fantásticamente. Con un coste de 35€ cada una por persona al margen de descuentos opcionales tales como estudiantes o menores de 16 entre otros. Recomendamos también las dos visitas Tour free por la ciudad y el barrio judío con Civitatis.
Además, por cada bono de excursión regalaban una comida gratis en el Beer House en la calle Florianska, que por cierto os aconsejamos utilizar, solo pagamos la bebida (unos 6€) y la comida estaba deliciosa.
Itinerario
- Día 1: Llegada a Cracovia
- Día 2: Tour free por el casco histórico y visita a las Minas de Sal de Wieliczka
- Día 3: Mañana de compras y visita a los Campos de Concentración de Aushwitz-Birkenau
- Día 4: Tour free por el barrio y gueto judio y salida hacia Barcelona
Día 1
Llegada al hotel sobre las 22:00h aproximadamente, una vez hecho el check-in, dejamos nuestras maletas en la habitación número 20 y nos dirigimos al centro de la ciudad a 5 min andando en busca de un lugar donde cenar. Durante el vuelo conocimos a dos familias que nos volvimos a encontrar por el centro de Cracovia en la misma situación que nosotros, así pues, siendo tan tarde para servir cenas y el desconocimiento de la carta de las comidas en polaco, nos decidimos por lo seguro y terminamos un gran grupo de gente tristemente en McDonald’s… A continuación nos dirigimos al hotel para coger fuerzas para la jornada siguiente.
Día 2
Después de un suculento desayuno, nos dirigimos a la Basílica de Santa María en la Plaza del Mercado, que era el punto de encuentro de nuestro Tour Free. Allí conocimos a Haizea, nuestra guía vizcaína, que con mucha gracia y salero nos puso al corriente de la historia de la ciudad y atendió a todas nuestras dudas.



Haizea nos recomendó comer en los llamados bares de leche (Bar Mleczny) que son unos bares de la época del comunismo, donde hoy en día todavía se siguen utilizando y resulta muy económico (menú 13,50 zl, aproximadamente poco más de 3€) comer platos típicos polacos, como por ejemplo la sopa Zurek o los Pierogis (especie de raviolis con relleno dulce o salado).

Despúes de comer nos dirigimos a la plaza Jana Matejki, lugar donde partía nuestra visita guiada en castellano a las minas de sal en las afueras de Cracovia, también con Civitatis. Es una visita muy bien organizada en la que desciendes 800 escalones y que merece visitar, abrigados eso si, porque la temperatura interior es de 14-15 grados. Sorprende su tamaño, es enorme, y no causa sensación de claustrofobia. Recorrimos amplias galerías, y el punto más bonito de la visita, una gran plaza interior con impresionantes figuras de sal, incluido un altar, donde incluso se puede celebrar una boda. La mina incluye también tiendas e incluso zona wifi, increíble a tantos metros bajo tierra. Lo más divertido, la subida en un ascensor minero a la superficie en el que suben 36 personas a la vez en pocos segundos… Ahí lo dejamos.


De vuelta a Cracovia, sobre las 20h, tomamos unos bocadillos en un bar céntrico y decidimos dar una ruta nocturna para poder vivir Cracovia de noche y tomar algunas fotos iluminadas para el recuerdo. De vuelta al hotel para descansar del largo día.
Día 3

Después de desayunar tranquilamente en nuestro hotel, dedicamos la mañana a realizar algunas compras. Recorrimos las dos principales calles comerciales de la ciudad, la calle Grozka, la calle de los souvenires más económicos y la calle Florianska, un poco más selecta.
Hemos de decir que nos sentimos por una vez en la vida, con la sensación de querer comprarlo todo ¡Y poder hacerlo!. Los precios son muy buenos al cambio para nosotros. Te sientes como el típico extranjero que en pleno paseo marítimo pide una paella, y nosotros sabemos lo que le va a costar…y él lo encuentra barato.
Su moneda es el Zloty, que al cambio del Euro, nos beneficia mucho. Una forma rápida de calcular el cambio es, dividir entre cuatro el precio que nos marquen. Nosotros ya llevábamos Zlotys desde Barcelona, pero nuestra guía nos aconsejó que si debíamos cambiar más Euros, lo hiciésemos sólo en la calle Grozca para conseguir un buen precio de cambio y no perder dinero.
Es típica la cerámica y el cristal, pero sobre todo el ámbar, que como todo hay que vigilar donde se compra y exigir su certificado de autenticidad. Pero sin duda el mejor souvenir que nos llevamos, fue el recuerdo de los buenísimos helados, llamados Lody.
Un consejo, difícil comunicación con los polacos si no dominas el inglés, aunque sea un nivel básico y ellos se esfuerzan por entendernos, es imprescindible.
Después de comer en el restaurante Beer House, utilizando los vales de comida que nos incluía la visita guiada, nos dirigimos de nuevo a la Plaza Matejki, para subir en el autocar que nos llevaría a los campos de concentración. Durante el trayecto hay una proyección de un documental para ir entrando en materia. Que no os suceda como a nosotros, buscar asientos cerca de las televisiones, ya que el documental es en inglés con subtítulos en castellano, y si no dominas el inglés y estas lejos del televisor para leer… No te enteras de nada. Una pena.

Tras 1:30h de trayecto, llegamos a Auschwitz. Tener en cuenta lo siguiente: no se puede pasar con mochila superior al tamaño de un folio DinA4, hay un control de seguridad bastante severo, debido a la cantidad de visitantes diarios, unas 9000 personas. Aún así, está todo perfectamente organizado para poderlo visitar, aunque en nuestra opinión demasiado rápido incluso para tomar fotografías. Auschwitz es un museo con gran información sobre el holocausto, con fotografías, objetos y pertenencias que te hacen estremecer y pensar hasta donde es capaz de llegar el ser humano.

Nos dirigimos con el autocar de nuevo a realizar la segunda parte de la visita, el campo de exterminio Birkenau, o lo poco que realmente queda de él, ya que fue prácticamente destruido por los nazis alemanes viendo llegar el final de la guerra. Se conservan unos 30 barracones de madera y algunos de piedra. Aunque triste, consideramos que es una visita que no te debes perder.

De vuelta a Cracovia, sobre las 20h, decidimos probar a cenar en el restaurante número 7, situado en la Plaza del Mercado. Fue una decisión acertada, probamos diferentes platos polacos y el famoso Vodka en 7 diferentes grados de alcohol. ¿Había que probarlo todo no? A continuación vuelta nocturna por la ciudad y regreso al hotel para tomar nuestro merecido descanso.

Día 4

Y llegó nuestro último dia… Hay que exprimirlo. Tomamos nuestro último delicioso desayuno y nos dirigimos a la Basílica de Sta. Maria de nuevo, para realizar la visita guiada del barrio y gueto judío, como siempre con Civitatis. Salimos caminando un buen trozo, cruzando el río, que es la separación entre el casco antiguo y el barrio judío. Comenzamos a ver edificios más deteriorados que se conservan así desde la Segunda Guerra Mundial, la muralla del gueto, diferentes sinagogas y cementerio, el curioso bar de las máquinas de coser “Singer”, la plaza de las sillas y las bonitas historias de las personas que ayudaron a salvar judios… Una recomendable visita que tampoco hay que perderse.

Aprovechamos que estábamos muy cerca de la fábrica de Oskar Schlinder para visitarla. Hemos de decir que no visitas realmente una fábrica, sino que en realidad es un museo muy bien documentado, que nos recuerda toda la guerra, año tras año, con mucho realismo. Si eres un fanático de la historia de la sSegunda Guerra Mundial, estas en el lugar adecuado.

Decidimos volver al centro en un tranvía, el número 73, aunque también te llevan el número 79 y 24. Hay que bajarse en la cuarta parada, que te deja en el centro de nuevo. Como teníamos hambre, decidimos volver al restaurante Beer House de la calle Florianska, pero esta vez degustamos unas curiosas hamburguesas de patata con una cerveza. Para despedirnos de esta ciudad, tomamos paseando hacia el hotel, nuestro último Lody (helado).
Ya no quedaba más que recoger nuestras maletas y subir en el monovolumen que nos estaba esperando para llevarnos al aeropuerto Juan Pablo II, de vuelta a casa.
¡Esperamos que os haya gustado el post sobre Cracovia y que os sea de utilidad en caso de que queráis visitar esta maravillosa ciudad! 🙂

