Llevo mucho tiempo queriendo ponerme delante del ordenador, para contaros mi experiencia durmiendo una noche en medio del desierto de Merzouga en Marruecos y, parece que gracias a la cuarentena ha llegado el día.
Cuando una amiga me planteó apuntarme al viaje para conocer Marruecos, no dude en comprar los billetes. Marruecos era un destino que quería visitar, pero a la vez, sentía un poco de miedo. Miedo a lo desconocido, a salir de mi zona de confort, a abrirme a una nueva cultura y diferentes tradiciones.
Sabía que Marruecos me iba a chocar, pero un choque cultural, ya que acostumbrada a viajar por Europa, era la primera vez que pisaba un nuevo continente el cual, desgraciadamente, no disponen de las mismas condiciones que habitualmente estamos acostumbrados a vivir.
Y vaya si me sorprendió… Pero para bien. ¡Por supuesto! 😉
Supongo que la mayoría de personas que viajan a Marruecos, barajan la posibilidad de contratar una excursión y dormir una noche en mitad del desierto. Si te lo estas planteando y tienes dudas… ¡No dudes en hacerlo!
Nuestra excursión
Nosotras contratamos la excursión a través de Civitatis. A media tarde llegamos a un hotel (punto de encuentro para salir hacia el desierto), allí nos explicaron que teníamos que dejar nuestro equipaje en el coche y llevarnos al desierto lo imprescindible para pasar una noche. Así lo hicimos, cogimos una muda, el neceser, las chancletas, nos pusimos nuestro pañuelo amarrado en la cabeza y… ¡Rumbo al desierto!
Por grupos, nos montaron en los dromedarios y fuimos hasta el interior del desierto disfrutando de un agradable paseo. Si no queréis montaros en los dromedarios podéis mirar si hay alguna excursión en 4×4 (por ejemplo). Sinceramente, me dio un poco de pena tener que montarme en el dromedario, no quería que sufrieran por tener que llevarnos, me pareció muy egoísta.
Pero una vez llegamos al campamento, estuvimos hablando con el bereber que nos había conducido hasta el campamento y nos explicó que ellos hacían el recorrido durante dos o tres veces al día con los dromedarios y que ellos eran los responsables de cuidar a los animales, ya que cada uno tenía entre 4 o 5 a su cargo. Los tenia que cuidar, lavar, dar comida, dejarlos correr y cuando lo necesitaban dejarlos descansar. Conocía el carácter de cada uno y… ¡Tenían hasta nombre!
Supongo que la charla con su «dueño» apaciguo mi conciencia, de hecho durmieron al lado nuestro y pudimos comprobar que parte de lo que nos había explicado era cierto.
Y pensaréis… ¿Por qué no cogisteis una excursión con 4×4? Bueno, la verdad es que nuestra excursión no solo era de dormir una noche en el desierto, sino que la excursión que contratamos era de varios días, ya que se trataba de ir desde Marrakech hasta Fez y una de las actividades era la de dormir en el desierto.
Si volviera, sin duda buscaría otra alternativa para no volver a montar en dromedario.
El campamento
Una vez en el campamento, nos asignaron una jaima por grupo o por pareja, nosotras como eramos 4 tuvimos una para nosotras solas. El campamento consistía básicamente en una jaima comunitaria donde cenamos y desayunamos todo el grupo, una jaima con baños y duchas compartidas (como en un camping 😉 ) y en el medio del campamento se encontraban sillas para reunirnos todo el grupo por la noche.
Nos dieron de cenar pasta y tajín (comida típica de Marruecos) y para desayunar nos ofrecieron pan, zumos, frutos secos, algo de bollería… Estuvo muy bien.
Una vez instalados en el campamento, nos ofrecieron té marroquí como detalle de bienvenida y frutos secos y, seguidamente, nos dejaron tiempo libre antes de cenar. Después de cenar y compartir divertidos momentos con todo el grupo (después de tantos días juntos, parecíamos una gran familia), los beberes que estaban con nosotros en el campamento, tocaron instrumentos y cantaron mientras bailaban alrededor de una gran hoguera y, después, nos invitaron a acompañarlos. ¡Aunque acabamos bailando la macarena! 😉
Y después de unos cuantos bailes y risas, y contemplar las estrellas… Pusimos fin a una noche mágica.
Al día siguiente nos hicieron madrugar bastante, sobre las 5 de la mañana aproximadamente, ya que teníamos que levantar el campamento (nunca mejor dicho), desayunar y volver hacia el hotel antes de que el sol no achicharrara en medio del desierto. Por supuesto vimos el amanecer que fue todo un espectáculo.

Mi experiencia en el desierto de Merzouga
Dormir en el desierto fue algo mágico, no sabría explicarlo con palabras, fue como una sensación de libertad total, una de esas experiencias que te llena por dentro y que al recordarlas, añoras.
Estar estirada en la arena del desierto, escuchar silencio absoluto, contemplar las millones de estrellas que habían esa noche… ¡Incluso ver con claridad la Vía Láctea! Fue todo un lujo, que por supuesto me encantaría volver a vivir.

Por eso, desde aquí, te animo a que vivas esta experiencia. ¡Seguro que te encantará!
¡Buen viaje! 🙂



